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Las prisas no son para los niños/-as

Los tiempos actuales están marcados por un ritmo de vida acelerado, todos nos quejamos de ello en algún momento. En el trabajo no siempre podemos permitirnos el lujo de bajar el ritmo porque no lo marcamos nosotros.

En el ocio, sí que somos totalmente responsables de las prisas, pero es que, a veces, tenemos poco tiempo y muchas cosas que nos gustaría hacer…

Nuestro ritmo acelerado cambia cuando tenemos hijos. Los niños/-as son incompatibles con las prisas. Seguro que ya habéis pasado la experiencia de hacerles correr porque llegáis tarde. La mayoría de las veces resulta un fracaso absoluto, sobre todo con los más pequeños. Un día, como algo especial, podemos proponerles hacer una carrera, incluso usando un cronómetro. Pero eso sólo funciona como excepción.

Los niños van a otro ritmo, y a menudo, ese ritmo infantil nos recuerda cuáles deberían ser las prioridades, aunque no siempre le prestamos atención.

La mayoría de las veces, no queremos “meterles prisa”, es sólo que lo “necesitamos”. Además, a largo plazo sabemos que deberemos enseñarles la importancia de la puntualidad y de que las cosas se tienen que hacer en el tiempo adecuado, porque esa es la realidad con la que se encontrarán como adultos.

Adecuar nuestra manera de hacer las cosas cotidianas al ritmo de los más pequeños no siempre es fácil, todo lo contrario, pero es indispensable para mantener un estado de ánimo positivo y no provocar más estrés que el estrictamente necesario, ni en nosotros mismos, ni en nuestros hijos.

Los niños y niñas tienen muchas posibilidades de ocio después de la escuela, casi más que nosotros, los adultos, después del trabajo. A veces, simplemente quieren hacerlo todo, y eso nos encanta porque quiere decir que tienen muchas inquietudes. Entonces nos esforzamos por apuntarles a todo aquello que resulta “compatible”.

El resultado es que nuestros niños tienen una doble agenda: la escolar y la extraescolar, su tiempo libre se ve muy reducido y cuando llegamos a casa todo se tiene que hacer corriendo.

Porque sí, atender a muchas extraescolares, aunque les guste, puede llegar a provocarles estrés.

Además, la agenda extraescolar puede provocar una paradoja: si queremos que piensen que los aprendizajes del colegio, y por lo tanto los deberes, son importantes (o lo más importante) ¿porque no les dedicamos un tiempo de calidad en lugar de hacerlos a toda prisa? Hay niños que hacen los deberes en el coche o el autobús, cuando los llevamos a casa o a la extraescolar….

Nuestro principal papel como padres y madres, en este caso, es aplicar el sentido común, no sobrecargar al pequeño (y a los no tan pequeños) de actividades extraescolares, aunque sean compatibles, interesantísimas y buenísimas para él o ella (todas lo son), y ayudarle a ir adquiriendo criterios apropiados a la hora de escoger.

Debemos valorar las extraescolares como un complemento que pueda “corregir” un excesivo sedentarismo, o carencias puntuales en alguna materia y después los gustos personales o la avidez de formación/información por materias “no escolares”, como las artísticas.

Eso redundará también a reducir nuestro propio estrés, porque llegar a todos los desplazamientos que requieren las distintas extraescolares de cada uno de nuestros hijos e hijas puede convertirse en un esfuerzo similar a completar un Triatlón.

Montse Orpi

Psicóloga especialista en Refuerzo Escolar

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