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Estrés informativo

 

Seguramente habremos oído en infinidad de ocasiones la frase La información es poder, como resumen de la idea de que cuántas más cosas sepamos sobre un tema (o una persona) mayor control podemos ejercer sobre ello.

Sin detenernos en el detalle de que la información no implica directamente conocimiento, en el siglo XXI, la era de internet, ¿eso sigue siendo vigente?

Sin duda, la información es necesaria en todos los ámbitos de la vida, pero, a veces, el exceso de información puede jugarnos una mala pasada. Hay situaciones en las que el fácil acceso a la información resulta útil y práctico. Por ejemplo, en una conversación entre amigos surge el nombre de un personaje y nadie recuerda su edad, ¿Qué hacemos? Consultarlo con el móvil, naturalmente, y resolvemos nuestra duda inmediatamente. 

¿Necesitamos un electricista y no tenemos referencias de ninguno?, pues lo buscamos por internet. ¿Queremos hacer un viaje en familia? Pues tenemos la opción de organizarlo personalmente. Como suele decirse “en Internet podemos encontrarlo todo”. Pero cuidado porque ese aluvión de información puede convertirse en algo perjudicial para nosotros mismos.

Muchos médicos se quejan de los pacientes que se auto-diagnostican y llegan a su consulta dando una información ya sesgada por su propia opinión de lo que les ocurre o de los que directamente le dicen: “Dra. yo debo tener hipotiroidismo porque tengo todos los síntomas”. De igual manera, desaconsejan consultar por internet sobre lo que ellos acaban de diagnosticar, prefieren que les preguntemos directamente nuestras dudas. 

Esto se acentúa cuando afecta a nuestros hijos e hijas, no sólo en temas de salud, también en cuestiones relativas al aprendizaje o a su comportamiento. Cuando nos enteramos, por ejemplo, de que a un compañero/-a de nuestro/-a hijo/-a le han diagnosticado dislexia, rápidamente consultamos por internet intentando disipar la duda de si nuestro a niño/-a puede pasarle lo mismo. Está bien conocer que es la dislexia, pero para aclarar nuestra duda personal ¿no creéis que es mejor preguntar a su maestra?

Cuando oímos hablar (o leemos) sobre trastornos poco conocidos, todavía encontramos más motivación para informarnos. Por ejemplo, llega a nuestros oídos que un niño tiene “Síndrome de Asperger” o que en los últimos 5 años el porcentaje de población diagnosticada con Síndrome de Asperger se ha incrementado considerablemente. Pues acudimos a lo que tenemos más a mano, que a veces no es un pediatra, ni un psicólogo, sino internet, para informarnos.

Como es natural queremos saber más sobre todo aquello que nos afecta o interesa y la verdad es que internet nos ofrece miles de páginas con información sobre el tema que deseamos conocer. Nos dará tantos contenidos, a veces incluso contradictorios, que pueden llegar a sobre pasarnos y conseguimos justo el efecto contrario al que deseábamos: cuanta más información recopilamos, más dudas (incluso miedos) tenemos.

En estos casos, es importante recurrir al sentido común y no dudar en acudir a un profesional del tema que nos preocupa para que nos ayude a darle la dimensión apropiada a toda esa información.

El exceso de información puede provocar estrés, tanto o más como la falta de información. Lo único que no encontraremos en internet es el sentido común, ¿o también eso…?

Montse Orpi

Psicóloga

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