2. Psicología infanto-juvenil

Entrevista realizada por Andrés Reina

Luis Luna Calvera, graduado en psicología por la Universidad Abad Oliva de Barcelona. Profesional en activo de 28 años y con 5 años de experiencia en el terreno de la psicología infantil y juvenil. Tiene experiencia en trastornos relacionados principalmente con dificultades de aprendizaje, déficit conductual y problemas afectivos. Ha trabajado con pacientes con edades comprendidas entre 8 y 17 años y diagnosticados con síndrome de Asperger, Tdh, Tda y autismo. Ha querido compartir unos interesantes minutos de conversación con nosotros. 

¿Quién y cómo solicitan tus servicios? ¿De qué modo se establece contacto con un profesional de la psicología?

Habitualmente son los padres y de manera proactiva al detectar o reconocer que algo con su hijo/a no acaba de funcionar del todo bien. A pesar de trabajar con distintos y bien diferenciados diagnósticos (Asperger, Tdh, Tda, Dislexia, Autismo) cuando se trata del ámbito de la educación a nivel infantil y juvenil, realmente acabas tratando con la necesidad real del paciente (confiesa que el termino cliente es políticamente más correcto en psicología actual, aunque se trata de algo sencillamente terminológico). En estas edades el foco de actuación recae en gran medida sobre el nivel académico. En general las escuelas son los auténticos medidores de la situación y las encargadas de detectar la necesidad de actuación.

¿Te encargas de realizar un primer diagnóstico antes de empezar a trabajar con el paciente o sueles conocer de antemano que tipo de problema o dificultad tiene?

Hoy en día la ley exige de formación específica para poder efectuar diagnóstico. Yo no dispongo del Máster en Psicología Sanitaria que te habilita para ello. La figura del orientador en la escuela suele ser el encargado de detectar y enviar “el caso” al CDIAP o CESMIJ en función de la circunstancia. Estos organismos son los responsables de efectuar el diagnóstico. En cualquier caso, siempre debe funcionar a modo de orientación y no como una pauta inequívoca. Es posible que con la observación directa y sostenida en el tiempo se pueda llegar a detectar algún tipo de anomalía no descrita en el diagnóstico inicial. En ese caso, se debería hablar con padres y escuela para determinar si puede existir algo más.

¿Existen signos en el niño/a de detección precoz del problema? ¿Cuál y como es el protocolo de actuación?

La primera señal es sin duda escuchar al tutor de la escuela responsable de la educación del niño. Los tutores tienen mayor criterio en el momento de detectar ciertas cosas y en el colegio les acompaña un entorno o contexto completamente distinto. En ocasiones para los padres resulta difícil de asumir y reconocer que un hijo/a pueda tener realmente un problema. En cuanto al procedimiento, depende en gran medida del caso. Realmente no existe un protocolo estandarizado marcado. Si que existen ciertas pruebas o test que sirven para detectar donde se encuentra el déficit, la necesidad o la problemática más acusada. Resultan de gran ayuda para planificar a medio y largo plazo. Se suele trabajar siempre a proyección. En todo caso lo fundamental es el buen trabajo colectivo y siempre en equipo. El triángulo Centro Escolar+Unidad Familiar+Profesional debe ser siempre una unidad y actuar en una misma dirección. En algunos casos la figura del profesional o psicólogo debe actuar como mediador y no con la intención de convencer a nadie sino en el sentido de dejar claro que se debe trabajar en equipo cuando pueda existir disparidad de opinión.

¿Qué fases o etapas de seguimiento incluye la terapia? ¿Qué tipo de medidas de comprobación de resultados aplicas?

Es muy complicado ver una gran victoria. Se suelen ganar pequeñas batalles cuando trabajas con edades tan tempranas. Lo más importante de todo es lograr el vínculo con el paciente. En psicología se le denomina Vinculo terapéutico. Esa es la primera gran victoria en batalla. Se trata de lograr establecer ese “feeling” con el paciente. Y no siempre es sencillo. Con niños y adolescentes es encontrar ese punto en común que favorezca la confianza. Es posible que luego puedan aparecer enfados y muchas complicaciones, pero será algo recuperable al haber existido previamente ese punto efectivo de encuentro. En muchas ocasiones no se trata de compartir aficiones sino de ser capaz de entender su propia realidad. Eso es relativamente fácil de romper. Es necesario partir de su propio interés. En realidad, el primer gran cambio lo efectúa el paciente cuando es capaz de reconocer la existencia del problema. Con intencionalidad y predisposición se allana el camino.

¿Los casos que tratas son “curables” o puede ser algo reversible con el paso del tiempo?

En lo que acostumbro a tratar, decir que “se cura” no es correcto. Se puede hablar de (re)educar o (re)dirigir. Es cierto que existen casos extremos que requieren de medicación. Incluso ahí, no se cura la enfermedad, sino que sirve como una herramienta más para poder trabajar con el paciente. En casos más graves, la aspiración es que la persona pueda ser autónoma y perfectamente funcional. Se trata de facilitar pautas de funcionamiento ante conductas que superen los limites o extremos “normales”. El psicólogo es el gran señalador encargado de localizar el fallo y sobre todo hasta dónde puede llegar. Debe explicar y hacer entender que la problemática no es el niño/a sino la circunstancia que lo/la envuelve. Cuando en psicología se habla de trastorno se refiere al condicionamiento y afectación de la vida y quotidianidad diaria al sobrepasar ciertos límites.

Los grandes empresarios de alta alcurnia suelen ser narcisistas y hiperactivos. Ello indica dos cosas; el déficit puede ser una gran oportunidad y se trata de algo integral e inherente a la propia persona. Te puedo poner el ejemplo de Luz Rello. Hoy en día es una de las grandes figuras y pioneras en estudio y detección de la dislexia. Ella misma padeció dislexia y lo pasó fatal. Debió utilizar todo tipo de estrategias para tapar su problema. Ha sido capaz de adaptarse y sacar máximo provecho y convertir su defecto en oportunidad.

¿Qué consejos, pautes o recomendaciones puedes dar a los padres/madres y como los niños/as pueden vivir mejor con esas circunstancias?

Me he encontrado con padres con buena predisposición y muy colaboradores. No puedo decir que haya padecido intrusismo, pero en alguna ocasión es cierto que te encuentras con padres que ven muy claro el problema y son resistentes a darse cuenta de que existen otras cosas más prioritarias. En cuanto al seguimiento, los padres necesitan saber que estás haciendo con su hijo/a y hacia dónde vamos. Los resultados no se ven en el corto plazo, pero existe un gran trabajo detrás. Lo que les pido es confianza plena en el profesional. Lo fundamental es no perder jamás de vista el problema real y hasta dónde puede llegar. El niño/a no es el problema. El niño/a no es su incapacidad; es la circunstancia la que obliga a actuar y con el agravante que puede llegar aún mucho más lejos.

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